El aviónMayo 5th, 2012
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¡Hola!
Les escribo desde tierras lejanas, en medio de la locura y a través de un iPhone, por lo tanto, mejor de una vez les pido una disculpa por la (falta de) calidad y la (falta de) frecuencia de los próximos posts.
¿Desde tierras lejanas? Sí. Estamos lejos de casa. El viaje fue un desastre (y pensar que todavía me falta el regreso…). Para empezar, llegamos tarde al primer aeropuerto. Sí, “tarde” a las 4:30am, pero nuestro vuelo salía a las 6:00. El aeropuerto estaba a reventar, así que ya desde ahí comenzamos (yo sola, con maletas y mis 3 hijos que por cierto, no caminan rápido) a corretear aviones.
Ya una vez arriba, la locura se volvió un desastre. Tuve que hacer circo, teatro y maroma por mantener a mis pericos gritones calladitos. El pasillo del avión se volvió un desfile de pasarela, una vez que descubrieron que “quiero ir al baño” era una oportunidad para bajarse de su asiento.
Pablo, quien iba sentado junto a otro pasajero en ambos aviones, estaba empeñado en hacer nuevos amigos, aunque éstos no hablaran español. Y dispuesto a poner en práctica su inglés, trataba de comunicarse con las azafatas, gritándoles: “help, heeelp!”.
Todavía me pregunto en qué momento se me hizo buena idea no traer el DVD portátil…
Durante la escala, migración y aduanas, el desastre se volvió un caos. Literalmente corrimos para alcanzar el siguiente vuelo. Pía se tropezó 4 veces (sí, cuatro) así que aprovechábamos el “sana, sana colita de rana” para tomar aire y seguir corriendo.
Llegamos en calidad de trapo, pero ya estamos aquí. Ha sido toda una experiencia que realmente está valiendo la pena.
Pero por ahora los dejo porque ya todos los niños están despiertos y el iPhone me está haciendo ver bizco.
Nos leemos después.
¡Adiós!
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Comienza nuestra aventuraAbril 26th, 2012
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Escribo este post, un poco para compartir mi experiencia con ustedes, un poco para armarme de valor y otro poquito, para ver si así me cae el veinte acerca de lo que estoy a punto de hacer. Y es que les platico que mañana es el último día de “normalidad” para mí… a partir de este fin de semana ―y durante varios meses― seré mamá-de-tiempo-completo en serio, en serio, en serio. Y cuando digo “de tiempo completo” significa 24 horas al día, 7 días a la semana.
Verán, hemos decidido dar a nuestros hijos de baja en su escuela y no regresarán hasta que comience el siguiente ciclo escolar. ¿Quién los va a cuidar? Yo ¿Dónde van a estar? Dondequiera que yo esté.
¿Qué, qué? ¿Qué si estamos locos? Posiblemente sí. Quizás yo un poquito más que mi marido, ya que yo seré quien estaré con ellos de tiempo completo.
Y es que todo comenzó con una plática a la ligera en la que comentábamos que realmente no pasaría “nada” si nuestros hijos ya no asistieran a lo que restaba de este año escolar. Luca, por su edad, todavía no está registrado ante la SEP. Pablo está dado de baja temporalmente ante la SEP, ya que Preprimaria no es considerado como una año “oficial”. Pía, por su parte, repetirá Segundo de Preescolar en su nueva escuela, por lo que ―de cierta manera― este año escolar quedó “volando” para los tres.
Fue entonces cuando Beto dijo: “pues deberían mejor aprovechar este tiempo para irse una temporada con tu hermano y que los niños agarren bien el inglés”. Mi hermano lleva muchos años viviendo en Estados Unidos, y ni mis sobrinos ni mi cuñada hablan español, por lo que mis hijos estarían inmersos completamente en el idioma. Yo sería la única que tendría que hacer un esfuerzo consciente por no hablarles en español para lograrlo…
Y así, las cosas se fueron dando poco a poco y todas las circunstancias fueron encajando para que se pudiera dar esta situación. Y lo vamos a hacer. Las oportunidades son del que las aprovecha y pues aquí estamos nosotros comenzando esta aventura.
Me voy yo sola con los niños. Papá tiene que quedarse a trabajar. No me imagino cómo será pasar tanto tiempo sin él…
La idea no es irnos de vacaciones. Tengo toda la intención de hacer una especie de homeschooling improvisado para que los niños sigan trabajando durante todo este tiempo que no asistirán a la escuela. También tenemos pensado inscribirlos a clases extracurriculares allá para que convivan con más niños que hablen inglés, además de sus primos.
A ver qué tal nos va…
Regresaremos a México cuando este año escolar todavía no haya concluido, pero de todas formas, los niños seguirán conmigo en casa. Seguramente para las vacaciones, ellos ya estarán pidiendo a gritos asistir a un curso de verano. Seguramente yo los llevaré, feliz.
Pues no sé, me da emoción y me da miedo… ¿tendré la paciencia para estar con ellos todo el día durante tantos meses? ¿Podré ser su mamá y su maestra al mismo tiempo? No lo sé, ahí les iré platicando…
Mientras tanto, a recordar mi lista de tips para viajar con niños, ya que estaré yo sola con los tres, durante 8 horas, 2 aviones y 3 aeropuertos. Qué nervios. Ok, comienza a caerme el veinte. Inhalar, exhalar, inhalar, exhalar… los dejo. Voy por una copita de vino para relajarme.
Pues bueno, nos estaremos leyendo por acá*.
¡Adios… me voy a empacar!
*Tengo toda la intención de seguir blogueando durante este tiempo, pero les pido un poco de paciencia, ya que no sé a lo que me estoy metiendo. Espero poder seguir encontrándonos en el blog todos los jueves, pero quizás sea un poquito más esporádico el asunto. Por su comprensión, gracias.
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Contando los díasAbril 19th, 2012
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Mis hijos, me imagino que como todos, toman como referencia temporal todas las fiestas y celebraciones o todo aquello que ellos consideran como un evento especial. Así, apenas pasa la Navidad y preguntan:
―¿Qué sigue?
―Año Nuevo
―¿Cuántos días faltan para Año Nuevo?
―Seis.
Eso está fácil, seis días los pueden contar con los dedos de la mano. Pero ahora, apenas pasó Pascua y ya querían saber qué seguía:
―El Día del niño.
―¿Cuántos días faltan para el Día del niño?
―Veintitrés.
La carita de Pía y Luca se queda sin expresión alguna:
―¿Cuántos?
Pablo comienza a contar con los dedos, se le enredan y corre a ver el calendario. Ubica el 30 de abril, pero cuando intenta identificar el día de hoy y comienza a contar, se pierde:
―No, ma. Según yo, sólo faltan 12 días… digo, 21. No, espérame… ¿qué día es hoy? ¿Qué día es el Día del Niño?
Y así, todos los días me preguntan cuántos días faltan para lo que se les ocurra: el día que se van a comer a casa de su amigo, el festival de la escuela, el día que regresa papá de viaje… lo que sea. Buen ejercicio mental para mí, pero definitivamente, nada divertido.
Y luego, entro en discusiones a las que me cuesta trabajo encontrarles sentido:
―¿Hoy vamos a volar el papalote?
―No, mañana.
―¿Hoy ya es mañana?
―No, cuando te despiertes es mañana.
―¿Entonces hoy es ayer?
―No, hoy es hoy. Ayer fue antes de que te fueras a dormir.
―Y si ya me voy a dormir, ¿entonces ya mañana puede ser hoy?
…estos niños ya me hacen dudar en qué día vivo.
Por eso, cuando esta mañana mi cuñada me contó que mi sobrina hizo un “countdown chain calendar” (calendario de cadena para la cuenta regresiva) se me hizo una idea genial (¡Thank you, Isabella!).
¿Cómo no se me ocurrió antes? Y por si tampoco se te había ocurrido a ti, ahí te va. Es una idea muy práctica y ridículamente sencilla:
Tienes que cortar varias tiras de papel. Si es para Navidad, puedes utilizar papel rojo y verde; si es para Halloween, negro y anaranjado, etc. Necesitas una tira por cada día que falte para el evento.
Después, inserta cada eslabón dentro del siguiente ―ya sea utilizando Pritt, diurex o la engrapadora― hasta formar la cadena completa.
Cuélgala en algún lugar al alcance de los niños y elige un momento del día para que diario corten uno de los eslabones. Puede ser al despertar o justo antes de dormir, de tal forma que ellos puedan ir contando cuántos días faltan, o en caso de niños pequeños como Luca, pueden ver cómo cada vez falta menos para que llegue el día tan esperado.
Listo. Comienza la cuenta regresiva.
Confirmado: las grandes ideas no tienen por qué ser complicadas.
¡A cortar tiritas de papel se ha dicho!
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Xochitla: una recomendaciónAbril 12th, 2012
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Este año no salimos de vacaciones, por lo que decidimos agendar actividades divertidas alrededor de la ciudad para que los niños disfrutaran de estos días de Semana Santa. Un lugar que nunca puede faltar para nosotros cuando los niños están de vacaciones es Xochitla Parque Ecológico.
Nunca se me había ocurrido escribir en Pingüicas para recomendar este lugar, ya que asumí que todo el mundo (por lo menos, todos los chilangos) ya lo conocían. Sin embargo, justo sucedió que durante esta visita perdí mi Blackberry. Ahora, todo mundo sabe que perder tu Blackberry es motivo de anunciarse en tu status de Facebook y lo que sigue siempre es: “¿Dónde la perdiste?”. Asumiendo que todos ya sabían de este lugar, yo simplemente contestaba: “En Xochitla”. Y la respuesta de la mayoría era: “¿Y dónde es eso, tú?”.
Así que aquí estoy, recomendándoles otro lugar cerca del D.F. a donde tienen que llevar a sus pingüicos porque les va a fascinar.
Xochitla es un parque ecológico impecable, seguro y muy bien organizado que tiene actividades para satisfacer el gusto de toda la familia: cuadriciclos, lanchitas, golfito, pared para escalar, recorridos en tren, canchas de voleibol, canchas de fútbol y varias áreas de juegos para niños, entre muchas otras cosas.
También puedes llevar tus propias bicicletas, patines y triciclos, ya que cuenta con un circuito bastante grande por donde puedes andar. Además, tienen diferentes talleres y actividades en las que puedes participar. Pablo, por ejemplo, ahí armó su propio papalote (que sí voló) y Luca estuvo feliz empapándose en las actividades acuáticas.
Nada más, para que sepas, no se permite la entrada con alimentos y bebidas, pero el lugar cuenta con un restaurante bastante rico y accesible, así como con varios lugares en donde puedes comprar botanita. Por cierto, tampoco admiten mascotas.
Dense una vuelta por ahí, les aseguro que la van a pasar muy bien. Y si pueden irse organizando para celebrar el Día del Niño, el sábado 28 y domingo 29 de abril, ahí tendrán un Festival de Globos Aerostáticos que seguramente valdrá la pena.
Desgraciadamente, ya son pocos los lugares tan verdes dentro de nuestra ciudad. Pero en serio, un día de estar ahí y ya sientes como que tuviste una pequeña vacación. Denle el beneficio de la duda y vayan, no se arrepentirán.
Archivado en Para el fin de semana | Tags: D.F., familia, fin de semana, tips |
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Un post tan light como mis vacacionesAbril 5th, 2012
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Me encantan las vacaciones: nos levantamos tarde (sí, a estas alturas del partido, ya considero las 7:40am como “tarde”); nos quedamos en pijama hasta que ya es inevitable; me siento en la computadora mientras percibo el lejano crecimiento paulatino e inevitable de la montaña del tiradero de juguetes; nos echamos una película completa a las 11:00am (con todo y palomitas y cortinas cerradas para lograr el efecto “cine”) y sacamos los triciclos a las 6:30pm (cuando a esta hora, los niños normalmente ya se están preparando para dormir).
Relax total.
Ahora, yo sé que todo esto no tiene nada de extraordinario… para la mayoría de la gente. Pero para todos ustedes que me conocen bien ―y que saben que algún momento de mi vida, como mamá primeriza, leí acerca de la importancia de establecer orden, horarios y rutinas para los niños y en pocas palabras, terminé obsesionándome clavándome con esa idea (y por supuesto que no tiene NADA que ver con mi personalidad controladora, típica del Virgo perfeccionista)― sabrán que esta actitud relajada es, digamos, “un poco inusual” para mi mothering style.
Pero bueno, son vacaciones. Y en vacaciones, hasta yo me he aprendido a relajar (aplausos, por favor)… un poquito.
En fin.
A lo que voy es que, con todo y que me encantan las vacaciones, hay algo que viene inevitablemente de la mano con tanta convivencia familiar: los pleitos entre hermanos. Pero como andamos inmersos en una actitud de “peace and love/everything´s gonna be alright”, ahorita no estamos aplicando el time-out ni los sillones calmadores ni nada de eso. En esta semana más bien hemos adoptado una solución más hippie/reggae con el método de “mírense-frente-a-frente-y-no-se-rían” para solucionar nuestros conflictos.
¿Cómo funciona? Pues tal como su nombre bien lo sugiere, este método se aplica colocando a los dos niños en conflicto frente a frente y, utilizando un tono lo más provocador posible, se les dice: “no se rían… no se rían”.
El conflicto siempre termina en carcajadas. Funciona de maravilla. Son como cosquillas virtuales.
¿Soluciona el conflicto? No. Pero qué importa, así dejan de pelear… al fin, son vacaciones.
Peace and love, man. Peace. And. Love.
Archivado en Mi día a día | Tags: estructura, horarios, locura |
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Nuestros 3 cuentos favoritosMarzo 29th, 2012
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Hay tres cuentos en nuestra casa a punto de deshojarse. Son los tres cuentos que hemos leído una y otra vez. Como con el huevo y la gallina, ya no sé si son sus libros favoritos porque los leemos mucho o los leemos mucho porque son sus favoritos… de cualquier forma, se los recomiendo para sus pingüicos:
¿Dónde está mi tesoro? de Gabriela Keselman
Abrimos el cuento e inmediatamente entramos al mundo de los piratas, los mapas y los tesoros escondidos… la fórmula infalible para acaparar la atención ininterrumpida de los niños.
Brutus es un pirata malhumorado como todos los piratas suelen ser. Sin embargo, éste también tiene un gran corazón. El tesoro que él busca es mucho más valioso que todas las joyas y todas las monedas de oro del mundo.
¿Dónde está mi tesoro? es un cuento que le ayudará a los niños a reflexionar acerca de los verdaderos tesoros que cada quien tiene en su vida.
Antón sabe hacer magia de Ole Könnecke
Hay muchas cosas que nos encantan de este cuento. Para empezar, las ilustraciones son muy sencillas y sin embargo, juegan un papel fundamental en la historia. Se trata de uno de esos cuentos en donde las ilustraciones no sólo acompañan a la narración, sino que son una parte fundamental de ésta. Sin las ilustraciones, la historia simplemente no se entiende.
Antón tiene un sombrero de mago de verdad. El único problema es que le queda grande. Así, cada vez que se lo pone para hacer magia, el sombrero le cubre los ojos. Ahora, todos sabemos que con los ojos cerrados, la magia es posible, gracias a la imaginación. Sin embargo, nosotros ―como lectores― sabemos todo aquello que Antón no. Esto le arrancará muchas carcajadas a tus hijos.
Es un cuento corto, repetitivo y escrito únicamente con mayúsculas, lo cual lo hace un libro perfecto para aquellos pequeños que apenas comienzan a leer. Muy recomendable.
La Mejor Mascota de David LaRochelle
Es la típica historia que todos conocemos del niño que quiere un perro y la mamá dice que no. ¿Quién ganará esta batalla: la mamá, el niño… o el dragón? Se trata de un cuento con un desenlace divertido e inesperado.
Las ilustraciones estilo retro de Hanako Wakiyama están increíbles. Éstas nos remontan a los años 50´s y sin embargo, cada vez que lo veo, no puedo evitar sentirme identificada con la mamá del cuento.
Este libro es un verdadero tesoro. Te aseguro que disfrutarás leerlo, tanto como tus hijos disfrutarán escucharlo.
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Y pues sí, ya viene el fin de semana; el momento perfecto para darse una vuelta por la librería con los chaparros.
¿Cuál es el libro favorito de tu casa? ¡Por favor compártelo con nosotras! Nos encantaría oír tus recomendaciones. ¡Gracias!
Archivado en Libros, Reseñas | Tags: estimulación, imaginación, lectura |
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